Bio

Soy una joven psicóloga y psicoterapeuta que tiene como misión de vida mostrarle a todo aquel que me lo permita que podemos manifestar la realidad que deseamos en nuestra vida. Esta misión la entendí de pequeña, luego de nacer en un hogar disfuncional viajando entre Italia y Venezuela, sin nacionalidad ni apellido, y entendiendo muy poco de lo enredado que estaba todo a mi alrededor.

Cuándo tenía 5 años mi familia se estableció en Venezuela. Mi infancia fue escasa, un poco turbia, pero en mi nocencia: ligera. Fui adaptándome al país, a las niñeras, al padre yendo y viniendo, a la mamá agotada, al hermano agresivo… pero a medida que fui creciendo todo fue tomando un tono más gris, empezó la guerra legal entre mis padres y nos dejó a mi hermano y a mi en medio de peleas y declaraciones que no nos correspondían a nosotros.

En ese momento, empezamos a ver muchos psicólogos, nos hacían dibujar, pero ninguno nos ayudaba realmente. Finalmente una psicóloga se compadeció de mi y me escribió su número en una tarjeta, pidiéndome que la llamara si algún día me pasaba algo, pero una llamada no iba a arreglar cómo me estaba sintiendo, sabía que la solución era empezar a trabajar en mi propia felicidad aunque con 13 años no tuviera ni idea de cómo hacerlo.

Desde ese día me prometí que cuando fuera grande ayudaría a otras personas a ser felices sin importar las circunstancias que les haya tocado vivir. Muchas veces me sentí condenada a la derrota, me sentía impotente, pensé en el suicidio algunas veces, mi adolescencia fue de peleas, negligencias, confrontaciones y partidas. Sentí que ya no podía más.

Con todo esto, no es de sorprenderse que también tuviera dificultades para establecer relaciones de pareja estables, no sabía relacionarme desde el amor porque nunca me había sentido amada.

Me refugié en la espiritualidad, el yoga, enseñanzas. Leía libros de autoayuda, salía con amigos, como esperando que todo pasara y salir viva en el intento. Descubrí la psicomagia, leí cada libro de Jodorowsky, y eso me ayudó a enfrentarme a mis padres, a establecer mis límites y a declarar mi indepencia emocional.

Al poco tiempo, comencé a estudiar psicología y fui entendiendo más y más, en el 4to semestre -por azares del destino-  llegué a mi casa de sanación y mi segunda cada de estudios: la Escuela de Psicoterapia Integrativa Procesos Humanos. Allí sané y aprendí a ayudar a otros a sanar, allí me transformé de oruga a mariposa y aprendí a desarrollar el potencial de mariposa que está en todos nosotros en otras personas.

 

En el proceso, fuí entendiendo de proyecciones, desplazamientos, mecanismos de funcionamiento familiar, arquetipos, relación mente y cuerpo, sugestión, neurociencia, entre otros, y cada clase, cada terapia, cada contacto, me nutría el alma y me llenaba el corazón.

Fui sanando mis relaciones con mamá y papá -y hasta con mi hermano-, fui permitiéndome dar y recibir amor, fui soltando heridas del pasado, comencé a relacionarme y ver el mundo de manera distinta, me di cuenta que sufría de ansiedad y me curé, comencé a construir mi plan de vida, a conectar con la felicidad, a entender que valía, y hoy en día, también disfruto de la relación de pareja más bonita que he conocido. En este recorrido me di cuenta que mi aliada más grande en este proceso fue mi voluntad de siempre seguir sanando a pesar del miedo y las dudas.

En el camino conocí La Metafísica de L. Hay, El Poder del Ahora de E. Tolle, la PNL, la Musicoterapia, el Psicodrama, las Constelaciones Familiares, el Arteterapia, la Meditación Vipassana o Mindfulness, y me di cuenta, de que quién busca sinceramente con el corazón, siempre encuentra las respuestas.

En mi intención de devolverle a la vida todo lo que me había dado, me dediqué a dar terapias de forma gratuita durante varios años, quería que la gente probara la experiencia de expresarse libremente, de soltar, de conectarse con otras personas, de relacionarse desde el amor, de valorarse a si mismos.

 

Compartí con personas maravillosas que aún llevo en mi corazón, pero eventualmente, llegó mi hora de partir a otro país en busca de un mejor futuro. Cuándo llegó la hora de dejar Venezuela, me llevé una maleta de herramientas para dar en el país que elegí para ser mi nuevo hogar: México. México me recibió con los brazos abiertos, pero yo aún tenía los brazos ocupados abrazando a Venezuela, el proceso migratorio fue doloroso, pero una vez más, me probé que soy una guerrera. Todos los días me enamoraro más de estas tierras, de su gente, de sus oportunidades.

Siguiendo mi corazón y siéndome fiel a la promesa de dar, hoy sigo aquí agradeciéndole a Dios por la oportunidad de hacer lo que amo y para lo que siento que nací: Demostrarle a todo el que me lo permita que todo se puede lograr.

Hoy vivo en Mérida, Yucatán y tengo mi consultorio propio en el cuál atiendo de forma presencial y online inidviduos, parejas y a familias. Igualmente, dirijo talleres y terapias grupales de forma presencial y me dedico a esparcir mi mensaje a través de plataformas virtuales. Me siento feliz y plena de ser quién soy, de saber de dónde vengo, de tener lo que tengo, de estar dónde estoy y de saber a dónde voy. Hoy vivo en mi día a día la vida con la que siempre había soñado.