¿Fuiste un niño herido?

La infancia es una etapa en la que somos totalmente vulnerables a lo que pasa  a nuestro alrededor, somos influenciados por las personas que nos rodean y absorbemos información como esponjas. Apenas estamos teniendo conciencia de mundo, de nuestra existencia en él, comenzamos a conocer a través de nuestros sentidos, preguntamos porque queremos darle explicación a muchas cosas, observamos, imitamos y empezamos a establecer lazos afectivos.

Debido a estas condiciones especiales que vivimos en la infancia, de las cuales casi ningún adulto es consiente, solemos guardar heridas en nuestra alma de cosas que nos sucedieron a esta edad que nos marcan para siempre. Al ser niños somos tan sensibles y puros, que un simple “cállate” puede traumarnos para siempre, un “ahora no me molestes” de nuestros padres puede hacernos sentir miserables por el resto de nuestra vida, y un rechazo de nuestros compañeros de clase puede distorsionar la visión de nosotros mismos irremediablemente.

Pero ahora la cuestión es, ¿Te habías dado cuenta de cuántas cosas arrastras de tu niñez? La forma en que sentimos, en la que vemos el mundo, nuestras creencias, valores, la forma en que nos relacionamos, como vemos el amor, la amistad, el dinero. TODO eso proviene de las concepciones que fuimos adoptando en la infancia, por eso es tan importante SANAR TU NIÑO INTERIOR.

“Pero si ya eso pasó, no se puede arreglar ¿Cierto?” ¡Claro que lo puedes sanar! De eso se trata ser adultos, de hacernos responsables de nosotros mismo.  Como adultos podemos hacernos cargo de sanar nuestro niño interior, de cuidarlo, de darle amor, de consentirlo, de tratarlo con dulzura, de tenerle paciencia, de enseñarle a ver el mundo de una forma positiva. ¿Te atreves a hacerte cargo de tu niño y a darle todo lo que a ti no te dieron?